arrinconado entre el recuerdo y el deseo,
y que me abracen cuerpos desconocidos,
Letras eróticas. Relatos de ayer, las que se escriben y las que se escribirán...
Transcurrían los días y tus ojos celestes chocaban conmigo cada día, mientras sonreías yo moría en la timidez que me hacía voltear el rostro para intentar huir de esa desesperación que me provocabas.
Ahí, nuestras carpas, frente a frente, cada noche la fogata entre los amigos con ese ir y venir de las olas del mar que me hacían imaginar que te quedaba conmigo una noche para liberar todo el deseo que tenía en ti.
Tu mirada jugaba conmigo y me dejabas entre ver el escote de tus bikinis cerca mío, recuerdo ese roce de tus piernas bajo la mesa al almuerzo de cada día y yo, imbécil sin saber que hacer, sin saber enfrentarme a ti, me desesperaba cada noche al interior de la carpa, yo solo y tú al frente, separados por la fogata.
Un día decidí irme, no sabía cómo decirte que tus ojos me tenían enfermo de sed, de tu cuerpo, de tus muslos, de tus pechos que veía como tesoros cuando salías del mar.
Me fui del campamento, loco de angustia ya en casa pasaban por mi mente una y otra vez tu figura de mujer, de sirena encantada que no podría jamás tener conmigo.
Decidí volver. Y ahí estabas a media tarde, cocinando en la fogata y te asombraste tanto que tus ojos parecían gotas de mar que brillaban con el sol. Sonreíste y te quedaste en silencio. No había dudas de que esa noche sería el momento.
Risas, vodka, cerveza y el calor de la fogata nos acompañaban. Todos se fueron a dormir y así fue como nos quedamos los dos, en una banca y de pronto una ventisca marina nos ató y me preguntaste ¿Volviste por mí verdad? Sí - te contesté- y volvería una y otra vez.
Caímos en un beso mezcla de mordiscos y de lenguas liberadas dispuestos a quemarnos en esa fogata, me senté tras tuyo en la banca y masajeaba esos pechos que eran dunas calientes, mientras te apretabas más hacía mí y dejabas que toda mi erección pegara en tus caderas. Mordía tu cuello y ladeabas tus labios, nos besábamos, nos cambiamos de posición, mientras la fogata seguía ahí alumbrando tu mano en todo mi rayo de cabeza palpitante.
Alguien nos ve - me dice- con voz de gata en celo, semi desnudos y como al ritmo nocturno de las olas del mar caímos al interior de la carpa y nos unimos en una noche de febrero, de pieles quemadas por el sol, de juventud, de alientos ardientes, de mis labios entre tus piernas, de tu boca recorriéndome, para juntos irnos en la madrugada y nos hicimos olas, fuimos peces, fuimos fogata...en tu mirada siempre, el celeste de las olas.
Te escribo desde la soledad quemante, arrinconado entre el recuerdo y el deseo, todo transcurre confuso, quisiera estar arriba de un edifi...