La ciudad


Te escribo desde la soledad quemante,
arrinconado entre el recuerdo y el deseo, 
todo transcurre confuso, 
quisiera estar arriba de un edificio contemplando la ciudad
o tal vez caminando por las calles céntricas con sus esquinas de basuras, 
se mezcla el deseo caliente de abrir una puerta
y que me abracen cuerpos desconocidos, 
de que se cruce una mirada fogosa que me eleve y rompa la tela que cubre la carne. 

Hago una llamada desesperada para darle cobijo a la soledad, 
me desespero, sigo caminando, la saliva se pone tibia 
pasan los buses con rostros cansados de la dura jornada cotidiana, 
busco números que desahoguen esa lava que recorre el cuerpo, 
siento culpa y no lo puedo soportar. 

Me siento en una banca pensando en seguir atado o en ir y que me bese una serpiente, 
que me bese una gata, que me bese una perra para que todo después del viaje, 
termine en una huida
ellas con la plata y el falso amor, 
yo con la lujuria consumida y tu recuerdo siempre latente en el corazón. 

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